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El buen jugador (parte 1)

#1
La vida se parece en ocasiones a una gran partida de ajedrez. Intentamos adivinar las motivaciones o intenciones de aquellos que nos rodean y descubrir las nuestras sólo en el momento en el que más nos conviene. Os voy a contar una historia que podría ser real, aunque la prudencia del buen ajedrecista me aconseja decir que pertenece al ámbito de la ficción. Dejo a la imaginación o perspicacia de los que la leáis la resolución a ese dilema. En cualquier caso los nombres de las personas referidas son inventados, y los lugares en los que se desarrollan los acontecimientos suficientemente indefinidos.



LAS PIEZAS EN EL TABLERO
Ser profesor en una universidad de prestigio da muchas oportunidades, y la vida de Alex no ha estado exenta de anécdotas y vivencias memorables. Como profesional siempre fue brillante tanto en el ámbito de la docencia como en el de la investigación. Su capacidad de relación con los estudiantes es notable a pesar de su timidez, y su actividad científica le ha ofrecido muchas oportunidades de viajar y conocer mundo. En el ámbito personal Alex lleva una vida ordenada, es un hombre casado de cincuenta y tantos años con hijos ya mayores e independientes, y con un matrimonio que transita por ese momento de tranquila y monótona languidez, digamos… soportable aunque no emocionante. Alex es consciente de que es muy popular entre sus alumnos, o mejor dicho entre sus alumnas, a pesar de que los años no pasan en balde. Es un hombre atractivo, elegante, al que le gusta cuidarse y mantener un aspecto físico envidiable que le hace no pasar desapercibido.  En el tema del sexo es una persona experimentada, curtida, que dejó atrás los dilemas existenciales sobre la fidelidad hace tiempo y que ha aprovechado sus continuos viajes dentro y fuera de España para intimar con muchas mujeres. Podemos decir que es un amante activo y que disfruta siempre que puede de la buena compañía, con especial predilección por las veinteañeras. Aunque lo mantiene en secreto, aprecia el sexo de calidad y selecciona mucho con quien meterse en la cama. El irse de putas o buscar aventuras forma parte de ese universo reservado de su existencia, algo que le pertenece en exclusiva y le proporciona la energía e ilusión necesarias para mantener encendida la llama de la vida.
No hace mucho tiempo le tocó impartir una asignatura complicada de un curso avanzado, en la que es bastante común encontrar alumnos veteranos que agotan sus últimas convocatorias en sus estudios de grado. Ese era el caso de Sonia, una estudiante inteligente pero no muy motivada en lo académico. Describir a Sonia es fácil, se trata de una chica de 22-23 años, morena, pelo corto, algún piercing no muy agresivo, moderna en su vestuario con tendencias que evocan lo alternativo o hippie, estatura media alta, y sobre todo… dotada un físico espectacular y equilibrado. Sonia tiene unas piernas largas bien tonificadas, unas curvas increíbles dibujando una cintura y un trasero impresionantes, sus pechos no son exagerados de tamaño pero sí erguidos y desafiantes. Mención aparte merece su rostro, adornado de una belleza provocadora e indómita y gobernado por unos ojos negros profundos de “femme fatale” para la perdición de los hombres. Sí, Sonia era ese auténtico pibón que muchas veces nos encontramos en las Facultades y que nos quita el sueño. Es la típica chica a la que le gusta vivir intensamente y no lo disimula en absoluto. En aquel tiempo no era precisamente una estudiante modelo, su asistencia a clase era irregular y luchaba con las últimas asignaturas del grado para acabar sus estudios no sin dificultad.
 
COMIENZA LA PARTIDA
Alex conocía a Sonia desde tiempo atrás ya que había sido su profesor en algún curso anterior. La relación entre ambos fue casi inexistente o estrictamente formal, se reducía a algún saludo cordial al cruzarse en el pasillo entre clase y clase y algunas veces ni eso. Cuando se encontraban Alex no podía evitar seguir la estela de su trasero con la mirada, siempre de forma discreta, a veces se preguntaba lo genial que sería follar con ella, pero inmediatamente volvía a su quehacer diario y la olvidaba. Lo cierto es que Alex y Sonia no se veían en clase a pesar de que ella se había matriculado en su asignatura, ya sea por incompatibilidades de horarios o por la anarquía que parecía gobernar la vida de Sonia. De hecho ella no participó en los exámenes parciales de la asignatura de Alex y se jugó el aprobado en el examen final. Fue ahí cuando Alex fue consciente de que ella formaba parte de los alumnos matriculados en su grupo.  El resultado del examen no fue muy satisfactorio para Sonia, suspendió a pesar de que Alex ese año había sido especialmente generoso tanto en la elaboración de las preguntas como en su corrección.
Como es habitual Alex puso día y hora para la revisión de exámenes y todo transcurrió con normalidad hasta que, a punto de recoger sus cosas para volver a casa, alguien llamó a la puerta del despacho. Sí, se trataba de Sonia que había esperado a que todos los compañeros se marchasen para ser atendida en último lugar. Lo cierto es que aquél día ella estaba resplandeciente, llevaba ropa nueva, falda corta, camiseta ajustada, maquillaje en la cara, sombra de ojos, carmín rojo en los labios, pestañas bien definidas, pendientes gigantes al más puro estilo zíngaro, piercing en el lateral de su nariz, algún tatuaje asomando por su espalda,… el protagonista de nuestra historia jamás la había visto tan hermosa y no pudo evitar sentirse confuso, excitado e incluso incómodo. La revisión concienzuda del examen se dilató durante bastantes minutos en medio de una tensión sexual  evidente, los ojos de la chica se clavaban como cuchillos en los de Alex sosteniéndole la mirada más allá del límite de lo apropiado, su postura apoyando el codo en la mesa mientras ofrecía una perspectiva más generosa de su escote era tan obscena que Alex empezó a sentirse nervioso, las piernas cruzadas orientadas hacia la posición del profesor ofrecían una imagen tórrida, casi de película porno. Alex sabía cuáles eran sus limitaciones éticas y profesionales, no estaba en una discoteca sino en un despacho de una institución pública, su conducta debía ser acorde a su cargo. No obstante, sentía por dentro unas ganas locas de follarse a esa chavala y era consciente de que tenía el instrumento para hacerlo: el poder. El poder de aprobar o suspender a un alumno en el ámbito universitario puede ser un arma importante, pero de doble filo. No, no podía ceder a esa tentación, cualquier situación que pudiese ser interpretada como acoso o abuso desde una posición dominante podría ocasionarle muchísimos problemas de orden disciplinario, cuando no legales, no debía ni podía perder la compostura. Sonia le insistió en el hecho de que esa era su penúltima convocatoria, que sólo le quedaba una oportunidad más para aprobar la asignatura. Con gran frialdad Alex se recompuso y le comentó que sentía no poder ayudarla, y que le deseaba más suerte en el examen de septiembre donde se lo jugaría todo a una carta. Ella le dedicó una última mirada, no fue ni agresiva ni desafiante, más bien fue dulce y pícara, quizá en el fondo había conseguido lo que buscaba, quizá había puesto a prueba la capacidad de aguante de Alex descubriendo sus debilidades, quizá aquello solo fue una primera batalla entre sus armas de mujer y la deontología profesional de su profesor… Sonia se levantó de la silla lentamente contoneando su figura, y justo al salir del despacho le comentó a Alex que lo entendía, que ya se verían en septiembre, y que esperaba entonces tener más suerte. Sus ojos y su figura se desvanecieron tras la puerta del despacho.  
 
LA ESTRATEGIA DEL BUEN AJEDRECISTA
Durante aquel largo verano Alex reflexionó con su acostumbrada racionalidad y frialdad sobre lo que le había ocurrido con Sonia. Él era consciente de que en esta partida la chica perseguía aprobar la asignatura, ese era su único y fundamental objetivo, no el follarse a su profesor. Eso podría haberlo lograrlo de muchas otras formas y antes, por ejemplo intimando durante las tutorías y ella jamás lo hizo.  La cuestión era otra, era saber cuantas piezas estaba dispuesta a sacrificar en la partida para lograr su objetivo. Pero en toda partida hay dos jugadores, y Alex estaba dispuesto a jugar sus bazas. Su objetivo era follarse a Sonia, pero para ello tendría que establecer una estrategia inteligente, tendría que forzarla a jugar un último movimiento en la cama de un hotel si quería aprobar la asignatura. Naturalmente todo esto pasaba porque Sonia volviese a suspender en septiembre, y el reto de lograr eso sin perjudicar a sus compañeros de clase con exámenes imposibles era complicado, no siempre el fin justifica los medios. Tendría que explotar los defectos y debilidades de Sonia sin tampoco ser injusto con ella, no era fácil diseñar una estrategia.
El plan de Alex consistió en elaborar un examen no difícil pero sí original, las preguntas no irían en la línea de lo que se había preguntado en convocatorias anteriores sino que incidirían, en la forma y en el fondo, sobre otros aspectos de la asignatura. Lo hizo cuidadosamente para que aquellos alumnos que hubiesen asistido a clase con regularidad se sintiesen familiarizados con lo que se preguntaba, pero no aquellos que como Sonia se habían ausentado y preparaban los exámenes incidiendo sobre el círculo de ideas de controles anteriores. Lo cierto es que cualquier alumno que hubiese estudiado ese verano podría aprobar sin problemas, por lo que existía la posibilidad de que Sonia lo hiciese también. En la vida toda apuesta tiene un riesgo, es cuestión de jugar y dejar que el destino decida.

Pasadas las vacaciones de verano y pocos días antes del examen, ya en septiembre, Sonia se presentó de nuevo en el despacho de Alex a preguntar algunas dudas. Era la primera vez que acudía a tutorías, nuevamente iba espectacular, llevaba unos shorts muy cortos que permitían adivinar el comienzo de sus nalgas y una camiseta veraniega apretada que esculpía sus senos, estaba radiante, muy bronceada tras el verano, insuperable. Las preguntas de Sonia se centraron en cuestiones relacionadas con exámenes de años anteriores, por lo que el plan de Alex parecía ir bien encaminado. Sonia no paró de coquetear, Alex intentó hurgar en su mente con comentarios frívolos de calculada ambigüedad, esta vez lo llevaba todo preparado y la situación no le iba a superar, le dijo que en el verano hay que “pasárselo bien” pero también estudiar, le preguntó si se llevaba los apuntes a la playa, y que como lo hacía para no “mojárlos”,…  Ella aparentemente le siguió el juego, y de forma pícara comentó que ese verano había sido una niña muy “mala”, que tendría que haber estudiado mucho más pero no se había portado bien. La despedida fue formal, ambos se comían con la mirada pero no ocurrió lo que Alex tanto deseaba, no hubo insinuaciones subidas de tono ni proposiciones inconfesables a cambio de favores académicos. Ella confiaba en sus posibilidades de aprobar por méritos propios, seguía confiando en ganar la partida sin sacrificar a su Reina.
El día del examen todo transcurrió con normalidad, Sonia apuró para entregar su ejercicio hasta el final, su rostro reflejaba agotamiento y quizá preocupación, lo cierto es que con aire de irritación no le dirigió la mirada y se marchó del aula sin decir adiós. La partida daba un giro que ella  no esperaba. Las notas del examen se publicaron unos días después, el porcentaje de aprobados fue alto pero Sonia no estaba entre ellos, de hecho estaba muy lejos del aprobado. Jaque al Rey.
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