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El martes fui a un puticlub y no hay nada más triste

#1
Sacado de internet me ha gustado el relato. Lo copio:

Una carretera nacional que hace quince años tenía bastante tráfico. Después construyeron una autovía y ahora parece una carretera a ninguna parte. Aun así, la noche de un martes cualquiera, encuentras cuatro o cinco coches aparcados, muy separados unos de los otros, como si a los dueños les diera vergüenza cualquier posibilidad de contacto visual con otros clientes. Los vehículos son como de cobre viejo a la luz del neón rojo y parpadeante que forma la palabra "CLU" porque la B hace muchos meses que se apagó.

Un puertas rumano de dos metros, rapado y con un tatuaje tribal que sobresale en el cuello por debajo de la chaqueta, te mira y te sonríe ligeramente antes de darte paso, como regodeándose de su superioridad física, de saber que puede darte una paliza de muerte si se te ocurre liarla ahí dentro. Y, aunque no se lo ha contado a nadie para no perder el trabajo, se ha follado a dos de las chicas. Y sin pagar.

Entras y ves acodados sobre la barra a unos cuantos perdedores como tú. Algunos le soban el culo con descaro a alguna de las putas. Los miras, miras sus caras y su ropa y ya sabes de antemano la vida que llevan: un taxista divorciado, un par de colegas con sobrepeso que trabajan en la metalúrgica, un tipo con gafas y jersey que parece sacado de los 80 y cuya mujer duerme en casa creyendo que él está de cena de empresa. Todos babean delante de cada muchachita. A todos les parece milagroso que una mujer joven y semidesnuda les preste atención, les sonría, les de conversación, se deje tocar.

Siempre me da por imaginar las vidas que llevan aquellas putas fuera del club: se acuestan a las 7 de la mañana, se levantan a las tres de la tarde, justo a tiempo para comer con el querubín de siete añitos por el que harían (y de hecho hacen) cualquier cosa. Después, algunos días, van a tomar un café con algún estúpido que cree que va a sacarlas de esa vida como si estuvieran en Pretty Woman.

Incluso el club de carretera más pequeño es en sí como una pequeña Babilonia. Allí hay mujeres llegadas del otro lado del océano, pieles calientes, tersas, suaves, de color crema, siempre mojadas como si estuviera follándolas el mismísimo Brad Pitt con 30 años. Te hacen sentir bien, atractivo. Las hay negras como el tizón, generosas en carnes, ligero olor a cuero camuflado con perfumes florales, labios enormes y gordos que te succionan hasta la última gota, cavidad profunda y rosada entre las piernas. Las hay también llegadas del este, latitudes más frías y carácter esquivo; no se les da bien disimular, pero sus coños son perfectos y no saben a nada, sus cuerpos esculturales y esbeltos, si consigues mojarlas te follan como avergonzadas, como odiándose a sí mismas (todo lo contrario que las sudamericanas) y hay que admitir que eso gusta.

Cuando entro en uno de esos sitios no estoy más de media hora en la barra y jamás pido más de dos copas. Voy a lo mío, elijo entre lo que se pueda elegir, me desfogo, pruebo nuevas nacionalidades y experiencias y me voy de allí preguntándome cuántos han entrado en esa misma cavidad antes que yo y cuántos quedan por entrar. Algunas me intentan dar conversación, contarme cosas de sus países, desahogarse un poco. Me parece una forma de autoengaño para ellas, como si intentaran suavizar el hecho de que he pagado para follármelas, para usar sus cuerpos de forma puramente instrumental.

Suelo vestirme rápido y me voy de allí con la cabeza despejada. Noto la mirada del segurata clavándose en mi nuca mientras bajo los escalones hacia mi coche. Suena cualquier programa de mierda en la radio y, al salir, la carrocería de mi coche se vuelve, camaleónica, del color oscuro de la noche, pero en el retrovisor siguen parpadeando las luces rojas como si fueran un faro para los solitarios en aquella carretera que no lleva a ninguna parte.

#2
Jajajaja aunque yo solo he entrado dos veces a un club, uno porque me.siento incómodo y otra porque nadie sabe de mi afición a las lumis, si puede ser el retrato de un club de mala muerte, aunque yo solo he entrado a dos, uno de ellos a comprar tabaco un finde semana que estábamos en una casa rural perdida de la mano del mundo y aquello era subrealista,estaba lleno de moros y solo vía tres chicas a cual de ellas peor y la otra un viernes en un club de polígonos que la verdad era un ambiente bastante normal, tipo bar de copas. Me imagino que los habrá muy diferentes



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