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María

#1
Smile 
Disculpad mi atrevimiento al contaros esta historia, ocurrió hace bastantes años y durante un tiempo me marcó por diversos motivos. Tenía 17 años, recuerdo que apuraba mis últimos meses de instituto, y era un chaval con cierto éxito entre las chicas. Os seré sincero, con bastante éxito, pero ya sea por mi timidez o por el contexto social reconozco que  poco aprovechado. Acumulaba alguna que otra experiencia convulsa y acelerada en lo más oscuro de un parque de la ciudad pequeña de provincias en la que vivía. Yo era un muchacho hogareño y familiar, muy centrado en los estudios, y en aquellos años obsesionado con el sexo. 

Pues bien, voy a hablaros de una señora vecina de mis abuelos, la referiré como María aunque su nombre real era otro. María era una persona cercana a mi familia desde hacía muchos años, ya desde mi niñez formó parte del círculo más estrecho de amistades entorno a mis padres, recuerdo que entraba y salía de la casa de mis abuelos con frecuencia. Lo cierto es que siempre fue muy cariñosa conmigo, me viese donde me viese me plantaba dos besos, y esa circunstancia a mis 17 años empezaba a provocarme sensaciones confusas. Os la describiría como una señora de unos cuarenta y pocos años, morena, bastante alta para la media de las mujeres de entonces, su rostro no era desagradable aunque no era una belleza, siempre iba vestida de negro desde la muerte de su madre con quien vivió desde que tengo uso de razón, sólo se ausentaba de la ciudad los veranos para visitar a algunos familiares en Barcelona, decía ella, tiempo en el que mis abuelos cuidaban a su madre cuando ésta vivía. Usaba ropas muy discretas que sin embargo no ocultaban tres cosas: unos senos generosos, un culo redondeado y bien definido, y unas piernas potentes hasta donde las mostraba, tenía ese ligero sobrepeso que no resulta para nada desagradable. En definitiva, era la típica solterona de muy buen ver en una ciudad pequeña de la España de hace unas décadas. 

He de confesaros que, por algún motivo casi primigenio, María empezó a resultarme atractiva despertando todos mis instintos de una forma inexplicable e irresistible, mis pensamientos hacia ella se llenaron de morbo y vicio. Al igual que mi percepción había cambiado con los cambios hormonales propios de la edad, creo que ella empezó a mirarme también con otros ojos. Sobre todo cuando una tarde fría de invierno me vió besar y quizá algo más a una compañera del instituto en la esquina de una calle. Disimuló y pasó de largo como si no se hubiese percatado de nada.

Lo cierto es que varios días después coincidí con ella en casa de mis abuelos, mientras les ayudaba a podar el jardín. Ya dentro de la casa, porque hacía frío, y mientras mis abuelos preparaban algo caliente, observé como sus rodillas, que siempre estaban juntas de forma recatada, se entreabrian. Yo estaba sentado en una posición inferior, en una silla baja junto a una estufa, por lo que disfrutaba de una perspectiva idónea para observar su entrepierna. Me puse muy nervioso, ya me había masturbado varias veces pensando en ella y mis ojos me delataban inevitablemente, no dejaban de buscar entre sus secretos más ocultos. Jamás podré olvidar ese instante cuando nuestras miradas se cruzaron. Percibí que se había dado cuenta de mi indiscreción, ya que volvió a su postura formal cerrando de inmediato sus piernas. Me avergoncé al sentirme descubierto, pero eso no fue nada con lo que vino después. Tras modificar levemente su postura en la silla y simulando un descuido entreabrió de forma descarada sus piernas, lo suficiente hasta dejarme ver el final de sus medias negras rematadas con un liguero discreto, y fugazmente sus bragas blancas. Recuerdo que el corazón se me iba a salir del pecho, no sabía como romper el silencio que nos envolvía a los dos en esa habitación. Mis abuelos llegaron con unas tazas de café y pastas, la conversación subsiguiente fue distendida, hasta que mis abuelos se ausentaron otra vez para retirar las tazas vacías. La tensión subió por momentos cuando suspiró y volvió a tener un nuevo descuido que esta vez me permitió apreciar con nitidez como sus bragas blancas traslucían una generosa mata de vello púbico. Eso fué demasiado para mi, sospechaba de la intencionalidad de lo que estaba ocurriendo pero también podía estar equivocado... Mi pantalón no podía contener la erección y me sentí avergonzado y confuso. Me levanté y y con una excusa alegué que tenía que irme, a lo que María respondió dándome dos besos cálidos de despedida. Cuando atravesaba el umbral de la puerta se dirigió de nuevo a mi y me dijo que también necesitaba podar su jardín, que apreciaría mucho si le echaba una mano. Percibí algo distinto en su mirada, no era la despedida cariñosa de siempre sino la de una mujer que sutilmente coqueteaba conmigo, ¿o eran imaginaciones mías? Sentí un vuelco en el corazón y con voz trémula le contesté que sí, que cuando ella quisiese. 

Ya de vuelta en casa en la soledad de mi dormitorio repasé lo que había vivido, intentando encajar las piezas. ¿Querría esa señora enrollarse conmigo como un ligue o una novia? No tenía sentido, la diferencia de edad era una barrera muy grande, mi familia no lo comprendería, era una locura. Pero entonces, si descartaba esa opción,...¿Simplemente jugó conmigo sin más? No, eso no podía ser, María siempre fue una persona cariñosa y formal, no encajaba en su carácter ese tipo de broma, máxime con una carga sexual tan obscena. Pero si no quería enrollarse ni estaba jugando conmigo, entonces... quizá y solo quizá.... ¿Querría follar conmigo sin más? Esa era la única solución lógica a ese laberinto de posibilidades, mi cabeza no paraba de darle vueltas a esa idea mientras mi corazón palpitaba aceleradamente. No sé cuántas veces me masturbé aquella noche.

Casi me había olvidado de esta peripecia cuando tiempo después volvimos a encontrarnos casualmente. Me puse muy nervioso y creo que ella lo percibió, tras darme los dos besos de rigor me preguntó por la familia y los estudios, preguntas formales a las que siguieron respuestas formales. El encuentro no seguía el guión de lo que yo obsesivamente había soñado, sentía como crecía la decepción dentro de mi cuando ella comenzó a despedirse, ninguna insinuación, ninguna señal, nada de lo deseado. Casi se daba la vuelta para seguir su camino cuando se paró en seco y me dijo... ¿Tienes un hueco para ayudarme a podar el jardín? Me fijé que lo hiciste muy bien con el de tus abuelos y...La interrumpí abruptamente y le dije que sí, que a qué hora. Ella sonrió, supongo que le pareció gracioso como mi rostro se iluminó ante su propuesta, se notó demasiado que lo estaba deseando. Me contestó que tendría que ser el Viernes por la tarde, y con un gesto entre dulce y pícaro añadió fijando sus ojos en los mios...si no tienes nada mejor que hacer. Asentí y le dije que de acuerdo. La voz apenas me salía del cuerpo y me temblaban las piernas, no lo podré olvidar nunca. 

Al llegar aquel Viernes a la casa de María, recién duchado, repeinado, con ropa limpia y medio bote de colonia encima, observé que su jardín estaba limpio y aparentemente no necesitaba más cuidados. Allí siempre había flores, en cualquier época del año, en esos meses invernales los maceteros rebosaban de hortensias, crisantemos y otras muchas especies de plantas que desconocía. Noté con qué discreción ella miraba a los alrededores, entiendo que para percibir si algún vecino fisgón nos espiaba, hasta que unos minutos más tarde me pidió que entrase en su casa para compensarme con algo de dinero por haber arrancado algunos matojos y cortado algunas flores. Yo le dije que no era necesario cuando ya estaba dentro. En invierno la oscuridad llega pronto, recuerdo como mecánicamente echó las cortinas y bajó un poco las persianas antes de encender la luz. El fuego en un hogar hacía que la temperatura fuese agradable, ella inmediatamente adució esta circunstancia para quitarse la prenda de abrigo que llevaba. Ahí comprendí que podía pasar algo entre nosotros, llevaba un jersey fino muy ajustado que destacaba sus pechos sobremanera y una falda negra más corta de lo habitual. Tras excusarse se ausentó unos minutos, creo que fue al cuarto de baño y cuando volvió observé que se había puesto algo de sombra de ojos y resaltado discretamente sus labios con carmín. Interpreté aquello de la única forma posible, mis nervios se dispararon y las palabras no me salían de la boca. Ella me comentó con total naturalidad que le ayudase a colocar las flores que había cortado dentro de un florero en una repisa alta, encima de la televisión. Me ofreció una silla y tras quitarme el calzado me subí en ella para alcanzarlo. Me dijo sonriendo que no las había colocado bien, que les faltaba el toque femenino, y que me bajase que lo iba a hacer ella misma. Tras mirarme de soslayo contoneó su figura de forma insinuante y se subió a la silla, pidiendome que la sujetase para  que no se cayese. ¿La silla?, le pregunté, -No, a mí-, me contestó. Lo cierto es que no sabía donde colocar las manos, primero cogí sus piernas, la posición era demasiado baja para sujetarla con seguridad por lo que me atreví a sujetarla por los muslos. Observé su reacción, no hubo ningún reproche, me cargué de valor mientras sentía los latidos desbocados de mi corazón, y simulando querer evitarle un accidente, apreté con suavidad mientras iniciaba un casi imperceptible masaje. Ella no parecía acabar de colocar las flores, mis manos se deslizaban centímetro a centímetro más y más arriba, sentía la tensión del tejido de sus medias hasta que aprecié la protuberancia de su liguero. Sabía que estaba en la frontera entre lo apropiado y lo inaceptable, cerré los ojos un instante y decidí sobrepasar ese límite. Al mover ligeramente mis manos mi tacto pasó del áspero tejido a la cálida y suave piel. Ahí sentí el vértigo del que se tira al agua por primera vez, iniciando un camino sin retorno, justo cuando mis dedos alcanzaron el comienzo de su nalga suave, tierna, aterciopelada... Ella no dijo nada, con un sutil lenguaje corporal me invitó a continuar, movió su cuerpo inclinando el pecho hacia el estante y acercando su culo lentamente hacia mi boca, ofreciéndose pero no forzando la situación, invitándome pero evitando la obscenidad, iniciando un juego de sensualidad con reglas aún por definir. Mis dedos dejaron atrás el ribete de sus bragas con lentitud, como pidiendo permiso para palpar sus glúteos, su culo me pareció generoso, ardiente, con ese equilibrio justo entre dureza y ternura, acerqué mis dedos hasta donde se unían sus dos glúteos, los deslicé hacia abajo por la raja que los separaba suavemente hasta alcanzar su ano y apreciar los primeros indicios de vello, más abajo pude sentir el fuego de su sexo, mis dedos recorrieron ese mínimo espacio entre su ano y el comienzo de su húmeda vulva varias veces, con delicadeza, fue entonces cuando escuché un susurro sordo y profundo, el primer sonido que emitió en esos largos minutos... Ya sin pudor le levanté la falda y metí mi cabeza entre sus piernas, Dios que visión de exuberancia salvaje, sus bragas eran grandes y flexibles, las levanté suavemente por un lateral hasta poder ver los labios de su sexo, mis dedos se abrieron camino entre el abundante vello hasta separarlos y poder ver la apertura de su vagina, sentí con nitidez ese olor y humedad tan característicos. Mientras la acariciaba empujó su sexo hacia mi boca gimiendo, era la primera vez que le comía el coño a una mujer, era la primera vez que iba a penetrar a una mujer. Recorrí su sexo con mi lengua una y otra vez, arriba y abajo, lamiendo y succionando su vulva, sentí como sus gemidos eran más y más intensos, todo su cuerpo pareció tensionarse entre ligeros espasmos hasta que escuché un profundo suspiro. Ella paró, bajó de la silla, me miró con dulzura y una amplia sonrisa mientras me cogió la mano. Me dijo ven conmigo, con voz tranquila. Lo siguiente que recuerdo es su dormitorio, como se quitó toda la ropa con calculada lentitud y luego me ayudó a que me quitase la mía, como se tumbó boca arriba con sus piernas abiertas y me arrastró hacia ella con ternura. Nos cubrimos con la colcha y sábanas, yo encima de ella, con rapidez y suavidad atrajo mi pene hasta posicionarlo entre sus piernas con un movimiento que en un principio no supe descifrar. Al instante sentí que un calor húmedo envolvía mi sexo transportándome a otro universo de sensaciones, su lengua jugaba con la mía en un beso profundo mientras fijaba sus ojos en los míos, comprendí que mi pene estaba dentro de ella y el placer me resultó tan irresistible que me corrí instantáneamente, dentro de su vagina. Me susurró entre gemidos que no me preocupara, que estuviese tranquilo. A mis 17 años os podéis imaginar que mi pene volvió a estar erecto en unos pocos minutos, esta vez quise ser más consciente de lo que hacía, acaricié y lamí con tranquilidad sus pechos, exploré cada rincón de su cuerpo hasta llegar a su generoso sexo, lo aprecié con detalle, era grande, recuerdo el color rojo intenso y brillante de su vulva, con sus labios mayores y menores bien definidos, acaricié con sutileza su clítoris, me envolví de sus olores, penetré con fruición su vagina, observé como mi pene abría su carne humedecida a cada vaivén, recuerdo sus manos agarrando y arrastrando con fuerza mis glúteos hacia su bajo vientre, impulsando  mis embestidas como deseando que me introdujese más adentro de su ser, exploré como reaccionaba su rostro cada vez que entraba dentro de ella, me besaba no como cuando era niño, lo hacía apasionadamente una vez tras otra mientras se movía convulsivamente debajo de mi, fue la primera vez que la sentí perder el control, fui consciente de todos y cada uno de mis actos. Le hice el amor hasta la extenuación, acabé dentro de ella una vez tras otra hasta sentirme seco, vacío, jamás olvidaré sus gemidos contenidos e intensos, sus orgasmos  serenos y profundos, poco a poco aprendí a reconocerlos. 

Ya muy entrada la noche todo acabó, nos despedimos discretamente con un beso inocente, como si no hubiese pasado nada. Tomó precauciones para que nadie me viera salir de su casa. Recuerdo como me comí el coco un tiempo ante la posibilidad de que se quedase embarazada, ya que no usamos ningún tipo de protección. El contacto fue máximo, profundo, íntimo, carne con carne... Absoluto y auténtico. Luego pensé que al no ser virgen debía ser una mujer experimentada, que controlaba las consecuencias de sus actos. Con la perspectiva de los años creo que así era. Nunca le dije nada sobre estos pensamientos. 

Al poco tiempo María encontró pareja e incluso se casó. No volvimos a hacer el amor nunca más. Con posterioridad me la crucé en muchas ocasiones, junto con su marido regentó un negocio en el pueblo. Pude superar el pudor que provocaban en mi los recuerdos de aquella tarde gracias a su naturalidad, me hizo sentir que no había pasado nada malo ya que no le habíamos hecho daño a nadie. La ultima vez que la vi era ya una mujer entrada en años, me dió dos besos con la misma efusividad de cuando era niño. No sé donde estará, aunque siempre vivirá en mi recuerdo.

Esta historia es en lo esencial totalmente real. Así perdí la virginidad, con una mujer madura conocida por mi desde la niñez. Los detalles explícitos son tal y como después de tantos años los recuerdo. Creo que esa experiencia me ayudó a entender el sexo como una parte natural de la vida, a madurar y a perderle el miedo a muchos tabús.
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  • BLACK JACK, guarrete, che555, Papalukas

#2
Cuando iba por la mitad del relato estaba impaciente por saber si al final pasaria algo o no jeje
Me hubieta gustado tener alguna experiencia sinilar con una mujer mayor cuando era un chaval pero nunca sucedio

#3
Buen relato.Hasta ahora no lo había leído.No dudo de la veracidad del mismo.Parece una novela.Lo que me resulta llamativo que no hay ningun error al escribir el texto,ninguna falta de ortografía,al escribir con un teclado siempre alguna letra bailamos.Quiero decir con esto q pareciera copiado y pegado.En cualquier caso..muy erótico el relato.

@MittagLeffler siento haber dudado de tu escrito,pues acabo de ver otros comentarios tuyos.Y la verdad,eres un CRAK escribiendo y redactando,además acabo de ver que ya te lo dije en otra ocasión.Saludos.

#4
(28-07-2017, 10:05)che555 escribió: Cuando iba por la mitad del relato estaba impaciente por saber si al final pasaria algo o no jeje
Me hubieta gustado tener alguna experiencia sinilar con una mujer mayor cuando era un chaval pero nunca sucedio

Bueno, pues sí que pasó jejeje, y jamás lo hubiese imaginado porque casi era de la familia. Midió bien el terreno, sabía perfectamente que yo no iba a decírselo a nadie por las implicaciones personales que tendría y jugó bien sus cartas. No sé si ese tipo de cosas son habituales, visto con la experiencia de los años  creo que era una mujer con mucho más mundo del que aparentaba en su vida al cuidado de su madre, o después de su muerte. Lo cierto es que pasaba temporadas fuera del pueblo y a saber lo que hacía entonces... Mis recuerdos son los de una mujer culta, muy leída,  cariñosa y con buen fondo. Lo que está claro es que le gustaban los yogurines, de eso te doy fé, quizá no le costó demasiado percibir mi predisposición y aprovechó la oportunidad, a saber. Sin embargo siempre fue una mujer discreta, jamás escuché ningún comentario sobre ella y fíjate como es la gente de los pueblos para las habladurías. Evidentemente cuando encontró pareja su vida fue de lo más convencional y el tiempo lo tapa todo.

(28-07-2017, 10:53)don vito escribió: Buen relato.Hasta ahora no lo había leído.No dudo de la veracidad del mismo.Parece una novela.Lo que me resulta llamativo que no hay ningun error al escribir el texto,ninguna falta de ortografía,al escribir con un teclado siempre alguna letra bailamos.Quiero decir con esto q pareciera copiado y pegado.En cualquier caso..muy erótico el relato.

@MittagLeffler siento haber dudado de tu escrito,pues acabo de ver otros comentarios tuyos.Y la verdad,eres un CRAK escribiendo y redactando,además acabo de ver que ya te lo dije en otra ocasión.Saludos.

No te preocupes, al contrario cometo algunas faltas de ortografia pero me gusta releer lo que escribo varias veces para corregirlas. Siempre fui un perfeccionista, lo reconozco.  Un saludo.
nuevoloquo slumi


#5
q pasada tio, me ha llevado un rato leerlo pero cada vez se ponia mas interesante.. engancha encganha jeje. A mi me paso algo parecido cuando tenia 18 pero la diferencia es q nunca me atrevi a dar el paso, pero ella siempre me tiraba puntadas y me follaba con la mirada, es lo q tiene ser un joven timido porque si eso me pasa ahora le doy hasta en el carné
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#6
Smile 
(28-07-2017, 14:41)Papalukas escribió: q pasada tio, me ha llevado un rato leerlo pero cada vez se ponia mas interesante.. engancha encganha jeje. A mi me paso algo parecido cuando tenia 18 pero la diferencia es q nunca me atrevi a dar el paso, pero ella siempre me tiraba puntadas y me follaba con la mirada, es lo q tiene ser un joven timido porque si eso me pasa ahora le doy hasta en el carné

Pues si eras tímido ya lo eramos dos... Evidentemente es dificil imaginar que un chaval joven tome la iniciativa en estos casos. Son ellas las que, si lo desean y están decididas, primero te lo insinúan provocándote sutilmente, y luego preparan cuidadosamente el momento y el lugar con calculada inteligencia. Una vez caes en la red el resto es dejarte ir. Es una ficción pensar que eres tu quien lleva el control, nunca es así.
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  • Papalukas

#7
Big Grin @Papalukas‍  compadre..o sea que ahora le dabas hasta en el carnet de identidad eh bribón... meparto meparto meparto empujar

#8
Si don vito, a veces uno con la edad va perdiendo verguenza a coertas cosas, cuando era un chaval me intimidaba q una chica se me acercara o me mirara fijamente. Si ahora una mujer me mira a los ojos fijamente mas de dos minutos me la follo con la mirada jaja
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